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Luis Cabrera nos cuenta cómo la creatividad cura las marcas

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Luis Cabrera nos cuenta cómo la creatividad cura las marcas

Hablar con Luis Cabrera es meterse en la cabeza de alguien que ya pasó por todo: agencias globales, premios grandes y una carrera bien armada. Pero lo interesante no es eso, sino el momento en el que decide romper con lo seguro para construir algo propio. En esta entrevista, nos cuenta qué lo llevó a crear La Cura, cómo ve el rol del creativo hoy en el Perú y por qué la creatividad ya no puede vivir separada de la estrategia, la data y la cultura real.

¿Qué te impulsó a dar ese paso tan grande de dejar una posición consolidada como DGC para crear tu propia agencia, y cómo fue ese proceso antes de tomar la decisión?

Lo que me impulsó fue sentir que había alcanzado un punto de maduración tras más de 12 años de carrera dentro y fuera del Perú. Después de consolidar a mi anterior agencia como la mejor independiente del Perú y obtener reconocimientos en Cannes y otros festivales globales, sentí que tenía la credibilidad necesaria para dar este salto. El proceso previo fue de mucha reflexión; entendí que lanzar La Cura no era solo un cambio de nombre, sino la oportunidad de aplicar un modelo donde la IA, la creatividad y la estrategia fueran inseparables desde el origen.

En tu trayectoria como creativo, ¿qué momentos clave dirías que te llevaron a la visión que hoy representa La Cura?

Hay dos momentos fundamentales. Primero, mi paso por agencias internacionales como FCB, Leo Burnett y Ogilvy en Argentina, donde absorbí la disciplina de los grandes mercados. El segundo fue notar el «dolor» constante de las marcas en el mercado local: clientes que llegan con objetivos no cumplidos o un ADN que no genera contraste. Esos vacíos me llevaron a diseñar una metodología que no se queda en la superficie, sino que busca «curar» la marca desde la raíz estratégica.

¿Qué diferencias ves entre el proceso creativo en una agencia tradicional y en una independiente como La Cura?

La principal diferencia es la agilidad y la conexión con la realidad. En La Cura, hemos roto con el modelo tradicional «Limacentrista». Mientras una agencia tradicional suele basarse en suposiciones de escritorio, nosotros utilizamos aplicaciones propias de inteligencia artificial para recolectar data, que luego validamos con personas reales en distintas provincias. Esto hace que el proceso creativo no sea solo una «chispa», sino una respuesta directa a insights locales auténticos.

En tu opinión, ¿cuál es el rol del creativo en la transformación cultural de marcas hoy en el Perú?

Hoy, el creativo debe ser un conector cultural. Ya no basta con hacer piezas estéticas; nuestro rol es entender las distintas realidades de un país tan diverso como el Perú. Debemos usar la tecnología para acercarnos a la gente y construir marcas que sean relevantes en el día a día, logrando que la comunicación sea un reflejo de la cultura real y no solo de lo que sucede en una oficina en la capital.

¿Cuáles son los retos más grandes que enfrentaste al formar un equipo creativo desde cero, y qué lecciones te dejó ese proceso?

El reto más grande fue armar un equipo de 26 personas que compartieran una visión estratégica, no solo una creativa. La gran lección es que necesitas talento que entienda que «la creatividad sin estrategia es simplemente arte». He aprendido que rodearse de personas que viven y validan la data en distintas ciudades del país es lo que realmente nos da una ventaja competitiva.

Considerando tu trayectoria internacional, ¿qué aprendizajes han marcado tu manera de liderar creatividad?

Mi experiencia internacional me enseñó la importancia del craft, el estándar global y el rigor estratégico. Esto marcó mi liderazgo, hoy no busco creatividad por la creatividad misma, sino soluciones que impacten en el negocio y que tengan una ejecución de clase mundial, sin perder la cercanía con el consumidor local.

¿Qué consejo le darías a los talentos jóvenes que quieren construir una carrera sólida como creativos en el contexto actual del Perú?

Que no se queden solo en la parte visual o en la redacción; que se vuelvan estrategas. El contexto actual exige dominar las herramientas tecnológicas, como la inteligencia artificial, pero sin perder la curiosidad por la calle y por lo que piensa la gente fuera de su círculo cercano. Mi consejo es que busquen siempre ese equilibrio: sean innovadores tecnológicos, pero manténganse profundamente humanos para encontrar esos insights que las máquinas no pueden ver por sí solas.

Más que una historia de éxito, lo de Luis es una postura clara frente a la industria: la creatividad no es solo hacer cosas “bonitas” o ingeniosas, sino resolver problemas reales con impacto. Su visión deja algo bien claro para quienes están empezando: hoy el creativo tiene que ser más completo, más curioso y más conectado con la gente. Porque al final, las ideas que realmente funcionan no nacen en la oficina, nacen en la calle.

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